EL CLUB DE LOS SOÑADORES

miércoles, 10 de marzo de 2010

SI TE SIENTES DIFERENTE LLAMA...

Recibí un mail de LUCKE que me llenó de alegría... Me contó que ya está instalado en París, que pronto empezará su posgrado en dirección de cine en la Sorbona... Y mientras leía las lágrimas se me caían... De chico de la calle que dormía en trenes a estudiante de la Sorbona... ¡La vida si que tiene vueltas!... Lucke lo merece porque es un "sobreviviente" de las penurias que la vida le puso en su camino, es un luchador, un incansable caudal de sueños... y esa gente que hace especial el mundo merece que le sucedan cosas maravillosas...

Por eso quería compartir algo que escribí pensando en él... En los que somos "diferentes", es decir en todos y cada uno de los habitantes de este planeta...

"Pedro llega a su casa y aunque espera que alguien lo llame, el teléfono no suena.
Se enteró que el sábado hubo una fiesta de cumpleaños y fue el único al que no invitaron.
Mañana sus compañeros de clase organizaron una salida para almorzar en un shopping y lo dejaron de lado.
En su presencia no le hablan, le dan vuelta la cara o lo dejan con eso tan importante que quiere compartir con alguien.
No tiene amigos con quienes pasar un rato divertido y la soledad consume sus días. Intenta de mil maneras relacionarse, pero nadie desea llamarlo amigo, solamente consigue que lo excluyan. Los chicos del colegio también lo rechazan. Él les habla, pero ellos parecen no escucharlo o no estar atentos a lo que les dice, apenas lo miran. Pedro sobra, está demás en el grupo, del cual anhela fervientemente ser parte.
El mundo “normal” lo califica de “raro”, porque no encaja con la semejanza del resto o es torpe al moverse o no habla como los demás. Él está acostumbrado, sin embargo, no deja de dolerle en lo más profundo de su ser.
Sus compañeros temen que un día los mate a todos y la maestra sugiere a los padres que lo lleven al psicólogo.
Mientras el otro desprecia; él sufre en silencio y nadie se da cuenta de eso.
- Por algo será que lo rechazan, si todos lo hacen algo malo debe haber en él- acusan los sabios del curso.

El adolescente caminó por el corredor, se tomó todo el tiempo que necesitó. Miró sigilosamente que todo estuviera como siempre; esa sensación de desconsideración y despreocupación de los otros lo invadió. Sintió que podía hacer cualquier cosa en aquel pasillo, que a nadie le importaría. Las personas caminaban absortas en conversaciones vanas, procurando convertir en interesante algo por demás insignificante. Algunas lo chocaron en un par de ocasiones y ni siquiera le pidieron disculpas, lo ignoraron completamente como si fuera un espectro. Como una manada de animales, se movían desesperados en busca de algún rincón o lugar donde ocultarse. Avanzaban, retrocedían, sin siquiera echar un vistazo a quien tenían cerca. Sonrió un par de veces y esa maldita angustia se apoderó de su alma. Entonces, comenzó a disparar su revolver. Ahí, la gente enloqueció. Gritos y confusión. La rutina se alteró totalmente. Así todos notaron su presencia.
El chico despertó de esa pesadilla. Se veía perdido en esa multitud, sudando, siendo chocado, sin ser respetado por nadie, sufriendo… Pero esa no era su vida, el tenía otra muy diferente, él era feliz y aceptado por todos. Sus compañeros querían sentarse con él, lo invitaban a fiestas y las chicas suspiraban con sólo verlo pasar. Ese sueño tan funesto, ese horror no le pertenecía. No obstante, sabía perfectamente que alguien que conocía, vivía diariamente situaciones similares. El sueño le ayudó a reflexionar acerca de cómo se sentiría alguien en esas circunstancias y mientras desayunaba, antes de partir hacía la escuela, oyó algo en la radio que le llamó la atención…

Un día como cualquier otro, Pedro se despertó pensando que no debía estar solo en el mundo y se decidió buscar a los que fueran como él. Encendió la radio y alguien decía que debíamos apostar por una sociedad que acepte la diversidad y promueva la integración.
Llamó al programa contó sus vivencias y terminó diciendo: - Sólo quiero que si alguien se siente como yo sepa que no es el único.
Así empezó a recibir infinidad de llamados: primero el de la chica del vestuario negro, después el del muchachito homosexual, luego el de la silla de ruedas y a este le siguió la adolescente con obesidad…


Varios años después, Pedro está delante de un auditorio, contándole a la prensa y a miles de personas cómo se le ocurrió crear la Sociedad Nacional de Personas Diferentes. Esa cuya lema es: “Si te sientes diferente, llama”.

6 comentarios:

  1. Buena publicación.
    Gracias por pasar por mi blog
    me daré más vueltas por estos lugares.

    Desde el otro lado de la cordillera, saludos

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  2. Muchas gracias nano por tu visita y por leerme :),

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  3. Me gusta esa Sociedad. ¿Me aceptarían?

    Ese desprecio, etc. es verdad, sucede a veces: yo lo he visto.

    A veces, un@ puede creer que está solo en algo, por eso, si ves a alguien parecid@ a ti, te llevas una alegría... Algo que te dice:

    - No, ya no estoy tan sólo en esto.

    Saluditos.

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  4. GRACIAS a todos por escribir y tomarse el tiempo para comentar mi blog...

    Un abrazo enorme.

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  5. Hola

    Me encantaron las historias, la de Lucke por ser real, porque es de no creerse. A veces, uno piensa que los sueños, sólo eso son. A veces, los diferentes somos los soñadores.

    Gracias por tu visita a mi blog

    Saludos desde México

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  6. ¡Qué verdad que es! todos somos diferentes; y todos tenemos necesidad de reconocimiento. Y cuando abandonas la adolescencia, aparecen otras diferencias, el calvo, el de la cicatriz, el de tal o cual opción política o equipo deportivo...; pero "todo se arregla, menos la muerte" se dice, como que "la muerte lo arregla todoa", la muerte siempre danzando; ¿será por eso que se piense en el revolver? yo soy del parecer que precisamente el revolver aparece cuando no se piensa, pues se está aobcecado, y sólo se siente; se SIENTE DIFERENTE y a los iguales se les iguala para siempre. ¿Donde te llamo? ;)

    P.D.- Ese es el valor que le doy a este medio, uno desagüa lo que siente, y en alguien encuentra el reconocimiento deseado.

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